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  • Sebastián Valdés

DON EDUARDO MATTE ROZAS

Por Sebastián Valdés Lutz

05/09/2022

Ayer, 4 de septiembre de 2022, supe del lamentable fallecimiento de don Eduardo Matte, a quien tuve como jefe por cuatro años y medio en Viña Haras de Pirque y en el resto de sus negocios.


Eduardo Matte me eligió para trabajar con él en marzo del 2003, y su determinación por contar conmigo se sobrepuso a obstáculos que habitualmente habrían hecho desistir a cualquier empleador que no conoce realmente a quien está empleando. Eduardo Matte confiaba ciegamente en su instinto.


Antes de comenzar a trabajar con Eduardo Matte, un conocido de ambos me advirtió que de él no podía esperar la prudencia del linaje, pero sí la inteligencia del empresario. Corroboré en parte la prevención sobre su mesura, pero no por falta de juicio en su quehacer diario, sino por el exceso de pasión que ponía en cada proyecto que abordaba, impregnándole su sello de perfección hasta el último detalle. Por el lado intelectual Eduardo Matte era un hombre privilegiado, pragmático, de gran capacidad analítica, y como tal, un gran admirador de la inteligencia cuando la encontraba en otros.


A diferencia de muchos empresarios que he conocido, Eduardo Matte se permitía una cuota de egolatría sin falsos pudores, y su agenda balanceaba perfectamente los tiempos de ocio y trabajo. Eduardo Matte tenía la capacidad de discriminar y disfrutar los placeres hedonistas y su goce aumentaba si identificaba algo genuinamente único en ello. Un buen plato, un buen vino, un buen café, un buen habano, una buena conversación. Algo similar sucedía con su agrado por lo bello, por todo aquello que en su conformación se acercara a lo perfecto, ya fuese arte, arquitectura, paisajismo, vestuario, un carruaje o un padrillo.


Gran anfitrión, Eduardo Matte fue un habitual organizador de eventos de distintas escalas y con distintos pretextos. Locuaz y buen contertulio, solía concentrar la atención de los demás, usando con sutileza la ironía, con encanto el galanteo, y con determinación la razón. Hombre culto y viajero frecuente, acumulaba en su memoria cientos de historias sabrosas que relataba sin poder contener la risa, gozando cada palabra que iba develando la singularidad de su narración. Ponía esmero en agradar a quien invitaba, y sentía satisfacción cuando lo lograba.


Hombre de carácter fuerte, temido por muchos, Eduardo Matte se hizo un nombre como un empresario al cual era difícil torcerle la mano. Sin embargo, ese empresario con el que pocos querían toparse de frente, fue conmigo como un padre profesional, y tuvo gestos personales de respaldo y reconocimiento que muy pocos tienen con sus ejecutivos, por los cuales le estaré siempre agradecido.


Eduardo, Ana Luisa, que se fueron juntos el día de ayer, tengan mi gratitud de vida por todo lo que hicieron por mí.

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