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  • Sebastián Valdés

EL PATRÓN DE FUNDO HA MUERTO

Actualizado: 10 sept 2020

El Patrón de Fundo tiene asiento en muchas empresas agrícolas, pero está siendo removido por la simple falta de competitividad que impone su estilo.

En el Medievo el “Feudo” era la tierra que el señor feudal le otorgaba al vasallo como compensación por el cumplimiento de sus obligaciones militares, estableciéndose el pago de impuestos por el uso de toda infraestructura que el primero ponía a disposición de sus vasallos. De esta forma se sostenía la relación económica entre el señor feudal y sus vasallos.


El “Fundo” está asociado a una extensión grande de terreno destinada a la actividad agrícola, cuyo “Patrón” es normalmente el dueño de la propiedad. Sin embargo, el término “Patrón de Fundo” tiene sus raíces en las grandes haciendas que se mantuvieron aisladas hasta avanzado el siglo XX, en donde el dueño, el patrón, cumplía un rol económico, político y social similar al de un señor feudal.


Comúnmente en un fundo convivían la familia del patrón y las de los peones e inquilinos que trabajaban la tierra, cuidaban el ganado, o ejercían labores domésticas. El fundo era una unidad económica independiente y habitualmente autosustentable, en que solía utilizarse el pago en especies y el trueque como medio de transacción. También era una unidad política, social y religiosa independiente, en que los votos del peonaje se solían transar con la autoridad a cambio de concesiones e independencia, la justicia habitualmente se impartía dentro del fundo, y la Iglesia tenía su propia parroquia para evangelizar, educar, pacificar y unificar a la heterogénea población local.


El patrón del fundo tenía plena autoridad para premiar y sancionar a discreción dentro de sus tierras, y delegaba dichas atribuciones sólo en miembros de su familia y contados empleados de confianza. La extensión del fundo limitaba su control, por lo que el patrón solía imponer fuertes castigos ante la omisión, el error o la negligencia, a modo de ejemplo para los que quisieran arbitrar en contra de él. Del mismo modo, premiaba las muestras de obediencia y servilismo, como ejemplo de la conducta esperada de su gente.


El patrón concentraba las decisiones en sí mismo, y la cadena de mando las transmitía y ejecutaba dentro del fundo, retroalimentando al patrón con la información de los avances. Por ello que, al igual que los reinados de Europa, el auge o decadencia de cada fundo dependían íntegramente de la aptitud para gobernar del patrón del fundo.


Con el tiempo las grandes haciendas de Chile fueron sufriendo la decadencia de “gobernantes” no aptos, las comunicaciones fueron sacando de su aislamiento a inquilinos y peones, y la urbanización de la población cambió la estructura social, irrumpiendo con fuerza la clase trabajadora educada, primero universitaria, luego técnica. Los patrones agrícolas fueron cediendo en importancia económica ante los industriales, y luego ante los comerciantes y dueños de servicios. Hoy todos ceden ante los que conocen la tecnología.


El desarrollo global le ha quitado a la agricultura la mayor parte de los roles que tenía en el pasado, sin embargo, la figura del “Patrón de Fundo” se ha mantenido como un estilo de gobernante y liderazgo común en la industria agrícola.


Muchos de los actuales patrones de fundo generaron sus estilos de lo que aprendieron y vivieron con otros, sus padres, tíos o abuelos, y esas creencias aprendidas son difíciles de remover de la conducta de una persona.


El Patrón de Fundo se encuentra hoy frente a un mundo que corrió los cercos hacia lugares que ya no puede dominar con sus ojos, enfrentado a escenarios que cambian con cada vez mayor velocidad, y sin contar con los tiempos de antes para tomar decisiones. El conocimiento se expande y el tiempo ya no es suficiente activo para generar sabiduría, por lo que el Patrón de Fundo necesita de otras cabezas para completar su rol. La coerción como medio pierde eficacia y sobre todo legitimidad, lo que obliga al Patrón de Fundo a observar su liderazgo desde una perspectiva muy distinta a la de sus antecesores.


En la nueva agricultura los patrones de fundo van en extinción. Las decisiones se delegan junto con los objetivos en quien asume la responsabilidad por una determinada función, en una suerte de “democratización” de la dirección. El líder no acumula poder, sino que lo distribuye para que cada pieza opere a “máxima potencia”, controlando que el conjunto opere en armonía y logre su potencial. El líder no castiga la iniciativa, la incentiva, por lo que considera el error como un insumo necesario para el crecimiento y la innovación. La información no se niega, se comparte, y es considerada como alimento esencial para la acción eficaz. En la nueva agricultura el equipo es más importante que el individuo y el nombre de la empresa es más importante que el nombre del dueño.


El Patrón de Fundo todavía tiene asiento en muchas empresas agrícolas, pero será removido por la simple falta de competitividad que impone su estilo.


El nuevo desafío para los ex patrones de fundo será convertirse en directores, verdaderos directores. Aquellos que, más allá de controlar la gestión de la administración, asumen como responsabilidad propia la agenda estratégica de la empresa, y aportan la visión de futuro para determinar el rumbo de la compañía. Nuevamente tendrán que poner a prueba sus creencias, puesto que un buen directorio no es una suma de directores, sino un equipo cohesionado que aprende a trabajar, dejando de lado sus egos, por los objetivos de la organización.


Buen desafío.


Por Sebastián Valdés Lutz

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