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  • Foto del escritorSebastián Valdés

LA CARRERA

COLUMNA DE OPINIÓN

Por Sebastián Valdés

Recorriendo contenidos en Instagram di con un “reel” de “Nuncavasaverlo” que hablaba de las dos caras del mérito, una deseable, que tiene relación con que quienes más se esfuerzan lleguen más lejos, y una segunda, que tiene relación con que el culto al mérito no considera que la suerte juega un rol trascendental en el progreso de una persona, es decir, que las circunstancias de nacimiento, como el patrimonio familiar, la clase social, raza, religión, son determinantes para definir los límites que podrá alcanzar una persona. El argumento servía a quien lo presentaba para desacreditar los modelos que empobrecían el rol del Estado fomentando el mercado como asignador de premios al mérito.


Nadie podría estar en desacuerdo con que los logros de una persona son el resultado de su propio esfuerzo y del patrimonio económico, social y educacional que obtuvo de su familia. Incluso se podría agregar la calidad genética a los “activos de cuna”, puesto que ciertamente quien nace con más inteligencia, belleza o habilidades innatas comienza con ventajas.


El problema es que son tantos los factores exógenos que determinan el resultado de una persona en vida, que erróneamente se podría minimizar el rol del esfuerzo y de las elecciones, lo que implícitamente elimina el albedrío como la principal causa de toda consecuencia. El mérito es por definición una conducta acreedora de premio que no tiene dos caras. Es siempre deseable que las personas se esfuercen y elijan correctamente para obtener buenos resultados.


El que los resultados sean distintos dependiendo del punto de partida de cada persona es algo intrínseco a la vida, puesto que nadie parte del mismo lugar, ya sea por competencias innatas o por patrimonio familiar económico y socio-cultural. El mérito no se mide por el valor absoluto obtenido, sino por el valor relativo a los activos con que se dispone. Que el Real Madrid salga campeón de la UEFA Champions League puede ser igual de meritorio que la Sociedad Deportiva Logroñés gane el campeonato de la Segunda División B de España.


La gran pregunta de la sociedad, y probablemente lo que más la divide, es si fomentar el mérito con recursos es mejor opción que distribuirlos entre los que no necesariamente hicieron los méritos, sólo porque no todos partieron del mismo lugar. Ciertamente, partir retrasado no justifica el no correr la carrera, y quien corra más fuerte, aunque no llegue primero, debe ser premiado. Como en el deporte, es clave que, en esta carrera, en esta competencia por llegar más adelante, se castiguen las conductas incorrectas, el uso de atajos indebidos, adelantar por zonas prohibidas, o agredir abiertamente a otro competidor. El mérito es el merecimiento de un premio por frecuencia de conductas adecuadas, no impropias, y es aquí donde el Estado tiene un rol fiscalizador único y esencial.


El mérito es justo como acreedor de premio social, pero también es fuente de bienestar para la sociedad, pues fomenta conductas que promueven el desarrollo. Una sociedad que reconoce el esfuerzo, el desarrollo personal, la adquisición de competencias, es una que crece integralmente y es capaz de ir entregando valor creciente en el tiempo, lo que la vuelve más competitiva en el orden mundial. Una sociedad que dedica todo su esfuerzo a regular la distribución del valor entre sus miembros progresará mucho menos que una enfocada en maximizar el valor generado por ellos.


La educación y la salud son, más que derechos sociales, fuentes de generación de valor, de oportunidades para que los miembros de una sociedad desarrollen todo su potencial. La educación en todos sus niveles, desde la que entrega la familia hasta la que entrega la experiencia, es el gran activo que la sociedad debe cuidar y fortalecer, porque es el motor que permite avanzar más rápido. La educación no debe ser vista como un fin, sino como un medio para el desarrollo.


En esta carrera por surgir no importa quiénes parten adelante y quiénes después. Con seguridad las posiciones finales no serán las mismas que en la partida. Lo que importa es que todos corran, que todos entrenen, que todos hagan los méritos para obtener su premio, de modo que tengamos la mejor competencia como país, la más desarrollada.


Salud para todos, castigo para los tramposos, educación para quien quiera estudiar, premios para los que lo merecen.

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