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  • Foto del escritorSebastián Valdés

LA GESTIÓN DEL OLVIDO

OPINIÓN

REVISTA EL CAMPO - DIARIO EL MERCURIO

Publicado el 15/05/2023

Por Sebastián Valdés Lutz

El lento transitar de la vida en la agricultura suele adormecer los sentidos de los administradores. Esa dispersa línea de proceso, que transforma agua, nutrientes y energía en productos, trabaja en base a largos ciclos anuales, cediendo pocas oportunidades para enmendar errores, retroceder o corregir el rumbo. Corroborar o descartar hipótesis toma varias temporadas, y sin la disciplina adecuada las causas pueden esconderse eternamente. Con el tiempo esto va mermando la iniciativa, transformando al administrador en un profesional apático, reactivo más que proactivo, pendiente de lo corriente y urgente más que de lo prioritario. Y eso la agricultura lo castiga.


La agricultura cumple su rol en un medio inestable y cambiante, que cada temporada encuentra nuevos desafíos para poner a prueba a quienes intentan domar la naturaleza en su favor. La vida se defiende y adapta, y todo lo que intentamos gobernar reacciona para cumplir su propósito, sin preocuparse de si ello afecta el de nuestro negocio agrícola.


Plagas y enfermedades, heladas y sequía, abundancia y escasez, el administrador se enfrenta cada temporada al desafío correspondiente. Lo enfrenta, cae o lo supera, y supuestamente aprende de la experiencia para salir airoso en un futuro nuevo combate. Su memoria lo llevará a centrarse en esos recuerdos para preparar la próxima temporada, anhelante de no repetir el agobio vivido con la reciente prueba impuesta por la naturaleza y el negocio.


Pero el enemigo habitualmente es distinto al de la temporada anterior, aunque no por ello uno nuevo. Surge de aquellos que quedaron en el olvido, que fueron amenazas en temporadas pasadas y que dormían esperando un descuido de quien administra. Un enemigo ya vencido que renace por la memoria cortoplacista del administrador, que no recuerda las importantes lecciones del pasado.


Son pocas las agrícolas que se hacen cargo de su memoria, de las experiencias que les han permitido superar las distintas pruebas que impone el negocio y con ello seguir vivas. Son pocas las que transforman sus experiencias en conocimiento de la empresa, uno que puedan enseñar para mejorar la forma de trabajar de sus empleados, y para construir nuevo conocimiento sobre él. Son pocas las agrícolas con procesos y procedimientos establecidos y conocidos, en que la letra no difiera de la acción, que abarquen todos los puntos críticos para que la operación sea eficiente y cubra todos los riesgos conocidos, pasados, presentes y futuros. Son pocas las agrícolas que hacen gestión sobre su propio olvido.


La naturaleza impone duros desafíos cada temporada a toda empresa agrícola, más que suficientes para un negocio bien gestionado. No se le puede permitir a la administración volver a caer con problemas que ya se han resuelto en el pasado, y cuya experiencia debiese ser parte del activo y conocimiento de la empresa. La administración debe tener los procesos y procedimientos para resolver en el presente todo lo resuelto en el pasado, para enfocar sus iniciativas en generar aprendizaje y mejora en los nuevos desafíos que se le presentan a la empresa. Para mantenerse competitiva la empresa debe estar inmersa en un proceso de mejora continua y no en uno de reaprendizaje continuo.




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