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  • Sebastián Valdés

QUIEREN DINERO

Cómo la famosa canción de Los Prisioneros se enlaza con la columna del Ex Ministro Rodrigo Valdés "Prefiero pagar menos, obvio"

El Ex Ministro de Hacienda Rodrigo Valdés focaliza su columna de hoy en El Mercurio en la obviedad de la respuesta negativa a la pregunta de si prefiero pagar menos, en especial menos impuestos. Es tal la obviedad, que me parece curioso que ningún analista haya reparado en eso al sorprenderse por la concentración del rechazo a crear una nueva constitución en el sector oriente de Santiago.

El Ex Ministro argumenta sobre los peligros de que nuestra democracia se "salte" a sus representantes, y que gobierne directamente lo público desde las encuestas o desde las redes sociales, dándole a cada individuo la capacidad de intervenir desde su necesidad. El Ex Ministro da ejemplos como el 6% adicional de cotización que los individuos prefieren que quede para ellos, o que si se ofrece, sacarían tantos 10% de sus fondos de AFP como soporten sus fondos. Pero la verdad es que los ejemplos son más numerosos: Educación gratis y de calidad, salud, vivienda, cultura, todo gratis, el hecho de que sólo un 25% de la población pague impuestos a la renta, el subsidio al petróleo para los transportistas, etcétera, etcétera. Al final, al final, todo es dinero. Bien lo cantaban los prisioneros en los 80' "Quieren dinero, quieren dinero".

De hecho, siempre me llamó la atención que ningún analista en televisión no viese la obviedad en la que se focaliza el ex Ministro en su columna. Si hay un llamado a una marcha para que exista educación gratuita y de calidad, la que seguramente será financiada por "otros", llámese los más poderosos, "los ricos de siempre", "los de cuna de oro", o simplemente el gran financista "Moya", es de toda lógica que la convocatoria será multitudinaria y habrá gran apoyo popular. Dinero para todos, pagado por "Moya", obvio, todos a las calles.

El Ex Ministro explica muy bien los beneficios de la representación adecuada en la democracia, que es justamente el eslabón que se ha roto en la última década. El representante debe ser el catalizador de la democracia, quien entiende las necesidades de los ciudadanos, conoce las limitaciones de recursos, del tiempo, y de la prudencia, y sobre todo, tiene la vocación para buscar el bien común en el corto y el largo plazo para el país. Ese representante, senador, diputado, presidente, alcalde, hombre público electo, se ha preparado para su cargo y tiene la experiencia para ello.

Lamentablemente, nuestros representantes de hoy son meros conductores de información, y su rol es mantenerse en el circuito. La calidad del debate, de las declaraciones públicas, de las impugnaciones, traspasaron hace tiempo el límite de lo que se debe considerar una falta de respeto para los ciudadanos que los eligen. Hay veces en que la cámara de diputados se asemeja más a la sala de clases de un curso de educación básica que a un salón de legisladores. Hágase usted la pregunta: ¿A qué hombre diputado o senador se llevaría a trabajar en su empresa, o en su equipo?

Por años nos hemos puesto de acuerdo en que la democracia es un sistema imperfecto, pero el mejor para gobernar nuestros países. Creo que si a la democracia no le agregamos la palabra "representativa", y le damos la importancia que se debe al rol de esa representación, el populismo se puede transformar en un cáncer que termine por carcomer por dentro nuestras creencias más profundas en la propia democracia, y antes de lo que pensamos, estaremos mirando de reojo a modelos totalitaristas que prometan estabilidad. El dicho no hay comida gratis es tan cierto como no hay salud gratis, ni educación gratis, ni pensiones gratis...

Por Sebastián Valdés Lutz

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